Pasodoble 1
Puede que tú no creas en las alturas,
en un Dios poderoso,
ni en santos ni en los curas.
Tú, puede que tú,
no creas en mandamientos,
sagradas escrituras,
tampoco en evangelios.
Pero dime tú que sientes
con esa aurora de cada mañana,
con la luz de los atardeceres
paseando a orillas de una playa
con esa paz que se queda contigo
cuando ayudaste a quien te lo pidiera
o el abrazo puro de un amigo
que de una pena amarga te consuela.
En eso búscalo
y no con barbas largas
sobre nubes blancas,
que allí no esta Dios.
Dios vive en los ojitos
de un niño que sonríe
y en la mujer que dijo
te daré mis besos si tu me lo pides.
Y vive en los olores
de la lluvia primera
y vive en los colores
de todas las flores de la primavera.
Y está si quieres encontrarlo
búscalo en tu madre
y en lo que te quiso,
en los mismos que te dio al cuidarte
está la llave,
la llave del paraíso.
Pasodoble 2
Si yo nací
en un pobre pesebre,
hoy miro al Vaticano
y en nada se parece.
Sí , si yo nací
sin lujos ni riquezas,
en que te has convertido,
yo pregunto a mi iglesia.
Yo jamás le dije a Pedro
al confiarle la primera piedra
que gastara en oro para el templo
la limosna de tantas ofrendas.
Yo no pedí ni mármol ni escultores
pa levantar mi casa aquí en la tierra
y me sobran cuadros y pintores
si no se acaba el hambre y la miseria.
Que mal que me expliqué,
que llevas dos mil años
sólo acumulando dinero y poder.
La iglesia que yo quiero
no es un gran monumento,
está en los misioneros
y en los comedores para los hambrientos.
La iglesia que yo quiero
no está en los cardenales
está en todos los curas
que le dan ayuda a tantos inmigrantes.
Yo soy , yo soy el del pesebre
y a los mercaderes los eché del templo.
Si a la tierra yo volviera un día,
arrasaría con el Vaticano entero.
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